04/02/2026 strategic-culture.su  9min 🇪🇸 #303845

La Unión Europea ante los Estados Unidos de Donald Trump

La Unión Europea, que parece despertar ante los Estados Unidos de Donald Trump, experimenta el mayor desconcierto ante la ruptura del vínculo transatlántico. Y sólo atina a reaccionar como lo ha hecho siempre ante cada crisis política, acentuando su federalismo y su dependencia de Washington. Su incapacidad para reaccionar de otra manera la conduce inevitablemente al fracaso.

Thierry Meyssan MEYSSAN

Escríbenos: infostrategic-culture.su

La Unión Europea está siendo presa de la mayor confusión ante el doble juego de Washington con Moscú alrededor de Ucrania;

el secuestro del presidente de Venezuela Nicolás Maduro por el ejército de Estados Unidos; los reclamos de Estados Unidos sobre Groenlandia.

La Unión Europea ha entendido, demasiado tarde, que Donald Trump hablaba en serio cuando dijo a los europeos, durante su primer mandato presidencial, que iban a tener que garantizar por sí mismos su propia seguridad. Y también han entendido que el vicepresidente J.D. Vance también hablaba en serio cuando declaró, en la Conferencia de Seguridad de Munich que lo que le inquietaba era «la amenaza interna, el retroceso de Europa en algunos de sus valores más fundamentales, valores que comparte con los Estados Unidos de América» [1].

En ese contexto, para los miembros de la Unión Europea -a los que no debemos confundir con los europeos, por ser este último un término geográfico y cultural que también incluye a Rusia- fue un mazazo la publicación de la estadounidense Estrategia de Seguridad Nacional 2026 [2]. En ese documento leyeron, con todas sus letras, que la producción de la Unión Europea (UE) disminuyó, en 35 años -o sea, no desde el Tratado de Maastricht sino desde que la UE completó la instalación de su mercado interior-, cayendo del 25% al 14% de la producción mundial. Y que «esa decadencia económica se ve eclipsada por la perspectiva muy real y más sombría de una desaparición civilizacional», que su restauración depende del control de la inmigración -algunos Estados de la UE podrían verse pronto con una mayoría poblacional no europea- y del abandono «de su obsesión estéril por una reglamentación excesiva» [3].

La Unión Europea tiene sólo 2 posibilidades:

La del primer ministro canadiense -y ex gobernador del Banco de Inglaterra- Mark Carney, quien estima que los occidentales deben que admitir que el «orden internacional basado en reglas» fue sólo una mentira de la que lograron sacar partido y que hoy lo más conveniente es reconstruir completamente las relaciones internacionales [4].

O la del secretario general de la OTAN y ex primer ministro de Países Bajos, el neerlandés Mark Rutte, quien afirma que nada está perdido porque los ucranianos están derrotando a Rusia (?!), pero que los miembros de la Unión Europea tienen que reconocer que ellos solos no pueden garantizar su propia seguridad y que tienen que invertir en el sector militar y seguir siendo miembros de la OTAN [5].

Partiendo de esas premisas, la Unión Europea ha decidido:

  • mantenerse en la OTAN durante el tiempo necesario para dotarse de medios militares, sin hacerse ilusiones sobre la permanencia del vínculo transatlántico -aunque muchos piensan que Donald Trump va a perder las elecciones mid-term, en noviembre próximo;
  • investir masivamente en el sector militar -o sea, pasar de 2,5% del PIB a un 5%, quizás incluso a un 10% en algunos años;
  • multiplicar las asociaciones con otras potencias, además de Estados Unidos -lo cual explica la súbita firma de los acuerdos de libre comercio de la Unión Europea con el MERCOSUR y con la India.

En cuanto tuvieron confirmación sobre las intenciones de Donald Trump, en los últimos días de 2025, los federalistas europeos enviaron una carta al presidente del Consejo Europeo, el portugués Antonio Costa [6].

Para alcanzar una «soberanía estratégica real ante la ruptura transatlántica», los federalistas europeos proponen:

  • suspender el acuerdo de Turnberry, firmado el 21 de agosto de 2025, en el que la Unión Europea aceptaba las condiciones de Washington para escapar a los aranceles prohibitivos de la administración Trump; aplicar las contramedidas de 93 000 millones de euros preparadas en respuesta a la escalada de abril de 2025;
  • activar el instrumento anticoerción de la Unión Europea; poner bajo mando europeo las tropas desplegadas en el Ártico;
  • sustituir los satélites estadounidenses que protegen el territorio de la Unión Europea; activar el artículo 42.2 del tratado europeo, artículo que establece la defensa común; abandonar la regla de la unanimidad en la adopción de decisiones.

Desde que se difundió la carta, Bruselas ha sido escenario de múltiples reuniones. La burocracia de la UE trata de aplicar esas sugerencias. Hay que estar consciente de que, históricamente, la Unión Europea ha reaccionado de la misma manera ante cada crisis que ha tenido que enfrentar: siguiendo la agenda de los federalistas. Ese era un reflejo lógico en los tiempos de la guerra fría ya que la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), las Comunidades Europeas que vinieron después y finalmente la propia Unión Europea contaban con el respaldo del "hermano mayor" estadounidense, pero ya no es así. Estados Unidos ya no es el "hermano mayor" de Europa occidental sino sólo un socio como los demás. El federalismo europeo, que era uno de los objetivos de las cláusulas secretas del Plan Marshall, ya no tiene razón de ser.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, los británicos -que habían fundado la CECA sin ser miembros de ella- querían impedir que la URSS gozara de influencia en Europa occidental, para que esta última se convirtiera en un bloque coherente y homogéneo. A los británicos no les interesaba conservar las identidades nacionales de los pueblos del oeste de Europa sino sólo mantener la suya. Buscado la eficacia a toda costa escogieron a Walter Hallstein como primer presidente de la CECA (predecesora de la UE). Pero el alemán Walter Hallstein era el estratega que ideó el plan nazi de ocupación de Europa occidental. Walter Hallstein había saqueado Europa occidental para financiar la guerra de exterminio en el este de Europa. Si las aristocracias europeas apoyaron el plan anglosajón no fue por temor a las masacres de los bolcheviques sino por miedo al avance del comunismo, que amenazaba sus privilegios.

Hoy sucede exactamente lo mismo. Los Estados del oeste de Europa financian la expansión de Alemania en el centro y en el este de Europa. Es algo que está inscrito en los genes de la Unión Europea. Ya lo vimos, por ejemplo, cuando Alemania impuso su política energética a sus socios de la UE. Y también cuando Berlín impone la firma del acuerdo de libre comercio con el MERCOSUR en detrimento de los agricultores franceses e italianos. Como antes, las clases "superiores" de la Unión Europea imponen esa medida... porque es el único medio de proteger sus propios privilegios.

Aunque siempre nos dijeron lo contrario, la realidad es que nunca hubo una estructura destinada a favorecer la cooperación entre todos los Estados miembros de la Unión Europea. La CECA, las Comunidades Europeas y la UE de hoy nunca tuvieron como objetivo unir a los europeos respetando su diversidad, sino fundir sus países en un mismo imperio. Esa ha sido siempre la manera de pensar de la burocracia europea y ahora es incapaz de adaptarse a la nueva situación.

El vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, tenía razón al decir que el peligro «es la amenaza interna, el retroceso de Europa en algunos de sus valores más fundamentales, valores que comparte con los Estados Unidos de América». Eso es algo que no tiene solución. Los políticos europeos, los altos funcionarios europeos han sido educados así. No saben hacer otra cosa. El futuro de la Unión Europea, si todavía lo tiene, pasa por la expulsión de todos sus responsables.

La crisis alrededor de Groenlandia es un claro ejemplo de lo que nos espera como miembros de la UE. Estados Unidos, desentierra un reclamo muy antiguo, exige anexar ese territorio -que en realidad pertenece al pueblo inuit, que lo llama Kalaallit Nunaat- situado en la plataforma continental americana, no en la europea. Estados Unidos trató de comprar ese vasto territorio en 1867, en 1910, en 1955, en 2019 y, últimamente, en 2025. Eso no tiene nada que ver con los argumentos de Donald Trump: las tierras raras que podrían extraerse allí y la apertura de vías marítimas a través del Ártico.

Desde el mes de junio de 2025, ese territorio está bajo la "responsabilidad" del US Northern Command [NorthCom o USNorthCom, el mando del Pentágono estadounidense a cargo de la "protección" del norte de las Américas], antes estaba a cargo del US European Command [EuCom o USEuCom]. En definitiva, militarmente ese territorio estuvo y sigue estando en manos de Estados Unidos, país que desplegó allí armas atómicas (ilegalmente), en base a un tácito acuerdo secreto con Dinamarca y en violación del Tratado de No Proliferación Nuclear. El despliegue de armas nucleares estadounidenses en Groenlandia sólo salió a la luz en 1995, en el marco de la investigación sobre el bombardero estratégico estadounidense que se había estrellado cerca de la base aérea estadounidense de Thule, en 1968. El accidente provocó una importante contaminación nuclear en aquella región, lo cual se mantuvo en secreto.

Los países de Europa occidental han reaccionado a la exigencia de Estados Unidos sobre Groenlandia como buenos colonialistas. Alemania, Dinamarca, España, Francia, Polonia y Reino Unido declararon el 6 de enero: «Groenlandia pertenece a su pueblo. Pertenece a Dinamarca y a los groenlandeses, sólo ellos pueden decidir sobre las cuestiones que competen a Dinamarca y Groenlandia.» En definitiva, ¿ese territorio pertenece a los groenlandeses o a los daneses ? En realidad, Groenlandia no pertenece a los colonos daneses. Pertenece a los groenlandeses, que tienen derecho a su autodeterminación.

A partir de ese momento, los colonialistas europeos enviaron a Groenlandia un centenar de soldados, más o menos la misma cantidad de efectivos que cuenta la guarnición estadounidense de la base aérea de Pituffik. A fin de cuentas, más allá de las bravatas de unos y otros, la crisis se diluyó en Davos. Sin participación de ningún Estado europeo sino con la OTAN. Por lo que se sabe, Estados Unidos ha comenzado a reactivar las bases militares que ya tenían en Groenlandia, desde la época de la guerra fría, y desplegará allí tropas de la OTAN.

O sea, Estados Unidos va a proteger Groenlandia con soldados europeos, pagados por los europeos... pero que estarán bajo las órdenes de oficiales estadounidenses.

La Unión Europea está inmersa ahora en el debate sobre los medios que va a tener que desplegar para garantizar por sí misma su propia seguridad, sin Estados Unidos. Si la decisión queda en manos de la burocracia de la UE, el asunto acabará igual que en Groenlandia. Por ejemplo, el comisario europeo de Defensa y Espacio, el lituano Andrius Kubilius, anunció el 27 de enero, en la 18ª Conferencia Europea sobre el Espacio, realizada en Bruselas, que la Unión Europea lanzará -asumiendo el costo- sus propios satélites de observación para garantizar su defensa. Pero los datos irán a parar a Estados Unidos, que se encargará de compilarlos y sintetizarlos.

Los europeos de Occidente no serán más independientes que ahora. Pero seguirán endeudándose... aunque ahora producen menos.

Publicado originalmente por  Voltairenet

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