27/03/2026 strategic-culture.su  5min 🇪🇸 #309101

 Cuba dénonce le «chantage» des États-Unis après la menace d'un blocus pétrolier

¿hacia dónde llevarán los vientos a Cuba ?

Raphael Machado

A pesar de la resiliencia histórica de Cuba, ya hemos podido presenciar que, a largo plazo, los embargos y las sanciones logran minar la fuerza de voluntad de los líderes y de la población.

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Poco después del ataque a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, el gobierno de Trump, sintiéndose superconfiado y envanecido por su éxito, presentó de inmediato la posibilidad de realizar algún tipo de acción hostil en Cuba, para acabar con la "espina" que representa La Habana en el flanco de EE.UU. desde el triunfo de Fidel Castro en 1959.

Independientemente de los problemas económicos concretos que Cuba atraviesa, algunos de ellos por razones geográficas (como el tamaño, el relieve y el propio hecho de ser una isla), otros por decisiones políticas equivocadas del pasado, pero la mayoría de ellos gracias a los embargos económicos estadounidenses, la realidad es que no es posible concebir esta actual ola de presión como vinculada a ninguna preocupación por el comunismo.

El uso de la retórica anticomunista, reliquia de la Guerra Fría, solo sirve para avivar la base electoral "boomer", aún significativa en el electorado tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata.

En el plano fáctico, la realidad es que, para sobrevivir tras el colapso de la URSS, que la subsidiaba, La Habana tuvo que realizar diversas reformas, que van desde la liberación de actividades profesionales autónomas y la apertura del turismo a principios de los años 90, pasando por la creación de la Zona Especial de Mariel, en la que opera un régimen económico y financiero diferenciado, la autorización para la apertura de pequeñas empresas en más de 200 sectores a partir de 2014 y el impulso al desarrollo de cooperativas.

Cuba aún puede ser categorizada como un sistema socialista, pero ya está muy lejos de cualquier concepción ortodoxa y marxiana de "comunismo". Además, evidentemente, Cuba no está en condiciones de representar ningún tipo de amenaza para EE.UU., incluso si su aparato de inteligencia aún puede ser considerado uno de los más competentes del mundo.

Admitiendo, por tanto, que el objetivo real se acerca más a la preocupación por la hegemonía hemisférica en el contexto de la renovación de la Doctrina Monroe, así como se extiende a la garantía de ciertos bienes y recursos cubanos, como acero, zinc, níquel y cobalto, como explicó el profesor Leonid Savin en un artículo reciente. A pesar de los embargos y presiones estadounidenses, tanto la producción siderúrgica como la extracción mineral en Cuba han tenido un aumento significativo en los últimos años, en parte gracias a inversiones y asociaciones rusas, en el caso siderúrgico, e inversiones y asociaciones canadienses, en el caso del níquel y el cobalto.

Ante estos intereses, sin embargo, ¿cómo pueden comportarse los EE.UU.?

Existe un factor que debe tenerse en cuenta. La proximidad de Cuba a Florida representa y siempre ha representado un riesgo permanente para Cuba, pero en cierto sentido también para EE.UU. Una desestabilización a gran escala del país caribeño podría provocar una gran ola migratoria que, en teoría, iría en contra de los proyectos trumpistas y afectaría aún más las posibilidades de Trump en las elecciones de medio mandato. Un cambio de régimen directo y a gran escala, por tanto, nos parece poco probable.

Es necesario, sin embargo, pensar en la posibilidad de una cooptación parcial (aunque sea involuntaria) del sistema cubano a través de una demostración de fuerza o una presión inconmensurable, de manera más o menos similar a lo que ocurrió en Cuba. Para EE.UU., puede ser más ventajosa una victoria parcial en Cuba que una victoria total. Esto podría lograrse mediante un ataque de decapitación o quizás mediante una intensificación del intento de asfixiar al sistema mediante embargos de insumos básicos.

Un empeoramiento significativo de las condiciones existenciales cubanas podría llevar a cierto grado de caos interno y anarquía social, con actos de violencia dirigidos contra edificios, instituciones, símbolos y personas vinculadas al sistema, pero un levantamiento a gran escala es menos plausible.

No obstante, es necesario considerar que, aunque algunos de los principales brazos del "poder blando" de EE.UU. y del ecosistema internacional de ONG están prohibidos en Cuba, hay instituciones que actúan de manera indirecta para influir en la sociedad civil cubana, y especialmente en el ámbito académico, cultural e intelectual.

Por motivos ideológicos, Cuba siempre ha sido más abierta al tratar con partidos y gobiernos socialdemócratas o incluso liberales "de izquierda". No se puede olvidar el optimismo irracional con el que el propio Fidel Castro veía a Barack Obama, así como las conexiones con el Partido de los Trabajadores en Brasil, o el SPD en Alemania. Así, por ejemplo, el NED (una de las principales estructuras de cambio de régimen y revolución de colores) opera en Cuba a través de instituciones intermediarias vinculadas a la izquierda de EE.UU., como el Cuban Democratic Directorate (Directorio), el Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa y el Observatorio Cubano de Derechos Humanos. Al mismo tiempo, estructuras de subversión de la izquierda alemana, como la Friedrich Ebert Stiftung (vinculada al SPD) y la Heinrich Böll Stiftung (vinculada a Los Verdes), realizan actividades dentro de Cuba.

A pesar de la resiliencia histórica de Cuba, fruto de su experiencia revolucionaria, ya hemos podido presenciar que, a largo plazo, los embargos y las sanciones logran minar la fuerza de voluntad de los líderes y de la población. Además, recordemos, la generación en el poder en Cuba ya no es la generación revolucionaria.

Algún nivel de diálogo y acuerdo me parece inevitable por parte del gobierno cubano, como la reciente apertura económica anunciada por Díaz-Canel este mes, destinada a autorizar inversiones de EE.UU. en el país. Con ello es posible ganar tiempo y garantizar la supervivencia de la experiencia cubana mientras se espera un contexto internacional más favorable.

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